jueves, 27 de agosto de 2015

Cunday 1930-1934-historia

En Cunday 1930-1934 intentaremos ahondar en la manera de vivir de los pobladores colombianos en la década de los años 30 y daremos algunos apuntes que nos permitan evaluar cómo se dieron los conflictos agrarios. Voy a juntar tres artículos previos publicados en otra plataforma para dar una visión de conjunto más completa.
Habiendo descrito ya la situación nacional durante esos años (Véase Historia de Colombia, 1930-1934,Gobierno de Olaya Herrera), anexando como referente los costos de vida en Ibague durante 1932-1934, implementemos la descripción de la Historia de Cunday Tolima durante el cuatrienio.

1.)Economía agraria y cafetera:
Es crucial no perder de vista los datos de la Historia cafetera del Tolima en 1932, ni por supuesto la del Sumapaz durante ese mismo lapso (es menester reconocer que fueron recopiladas para entender mejor lo sucedido en Cunday Tolima por estas fechas).
No propiedadesHas cultivadasHas apropiadasÁrboles
Líbano9917.7254.81810.109.489
Cunday5746.01612.1666.632.707
Chaparral1.0104.5724.2176.694.864
Icononzo3653.5779913.853.523
Melgar5922.818,52.9713.007.514

Árboles en producciónProducción en arrobasNo de despulpadoras
Líbano8.891.503351.1621.169
Cunday5.578.402217.479473
Chaparral6.271.214210.910956
Icononzo3564.525159.480301
Melgar2.768.724950.068141

Según Gloria Gaitán, analizando estas cifras- donde por ejemplo Icononzo bajó porcentualmente en este rango de datos e Ibagué subió drásticamente-, no es la velocidad en la siembra la que genera los conflictos sino la concentración de la posesión de esos cafetos sembrados[1].

Durante este tiempo y hasta 1934 cuando los choques entre arrendatarios y Hacendados se hicieron frecuentes, los contratos de aparcería eran orales, consensuales, celebrados de buena fe y cumplidos honestamente. Ese año elaboraron entonces, La federación de Cafeteros y la gobernación de Cundinamarca, un modelo de contrato de arrendamiento, encaminado a regular las relaciones entre aparceros y propietarios. A manera de resumen rudimentario, digamos que se trataba de arrendamiento con trabajo obligatorio, acababa el pago en especie y se pasó a renta en dinero, se estipulaba detalladamente las labores y obligaciones, pudiendo sembrar café y /o cacao bajo otro contrato que desglosa ítem por ítem sus implicaciones, etc.

Para esta década estallan las insurrecciones indígenas de Quitín Lame por mantener sus tierras de resguardo y las querellas por tierras en el Oriente del Departamento. Respecto a este último problema, varios comerciantes nacionales y extranjeros, desde 1880 compraron tierras en la región. La familia Vargas- descendientes de don Pedro Fermín- tenía 145.000 arbustos y los Williamsom (hacienda Canadá) 200.000; Vicente Reyes Daza en su hacienda Escocia, 230.000 matas.

Hacia 1928 al expedirse el Decreto 1110 de delimitación de baldíos y otra norma que mandaba a todo colombiano dueño de más de 500 Ha a registrar su título ante el Ministerio de Industria, se generó angustia y preocupación entre el gremio terrateniente, que se sabía incapaz de presentar títulos de propiedad de todas las tierras que decían ser suyas; ahora con la colonización dirigida y grandes parajes no explotados de muchas grandes haciendas, el campesinado se tomó las mismas y los hacendados amparados en la Legislación civil vigente, procedieron a expulsarlos. Los colonos reclamaban acreditar los títulos. La represión se hacía sentir. El campesinado empleado en Obras públicas, con la depresión, se queda sin empleo y regresa al campo, “envenenado” con ideas sindicalistas, y, radicalizado en términos de liberarse del yugo explotador de los terratenientes.[2]

En el último trimestre de 1930, agentes de la Compañía cafetera de Cunday, quemaron las casas de los colonos y cortaron las matas de café, que el campesinado había sembrado, contraviniendo lo estipulado en el Contrato de Arrendamiento firmado. [3]
En julio de 1934, en carta al gobernador del Tolima y al Ministerio de Industrias, los colonos narran su estado: Un pequeño cultivador rompe la selva intrincada a fuerza de privaciones y sacrificios, luego viene el latifundista que sin exhibir títulos de ninguna clase reclama como suyas todas las tierras de la comunidad, y si el pequeño cultivador, por falta de recursos, no puede intentar un pleito en defensa de sus intereses vulnerados-las leyes son caras para el pobre-, se ve obligado a abandonar su pequeña fundación o a vendérsela al capitalista por un precio irrisorio o internarse más adelante donde corre el peligro de tener la misma suerte porque el latifundista siempre aspira a extender más y más sus vastos dominios. Prueba de ello es el gran número de viejos colonos cultivadores a quienes se nos han prohibido las rocerías y que desde hace mucho tiempo nos tienen trotando a las oficinas de Chaparral y el Guamo a defender nuestras fundaciones y a los que los latifundistas nos han obligado a firmar documentos que nos ponen en la condición de agregados, siendo así que para establecer nuestros cultivos y casa de habitación tuvimos que, unos derribar montaña virgen hace muchos años sin que entonces nadie nos impidiera, otros comprar las mejoras y derechos de posesión a los primitivos descubridores”. “De manera muy respetuosa llamamos la atención de los señores Ministro de Industrias y Gobernador del Departamento del Tolima, para que dicten medidas que nos amparen a fin de evitar que se nos desvincule de la tierra, pues a la campaña iniciada por algunos capitalistas de esta región para conseguir el predominio de los baldíos, desconociéndonos los derechos que como colonos tenemos a las tierras, se debe la escasez de los víveres y como consecuencia lógica la carestía de los mismos que se hace sentir más y más cada día en proporciones alarmantes para el obrero, cuyo salario no está de acuerdo con el alza constante de los predios.[4]

Los latifundistas emprendían actos de policivos y de lanzamiento en contubernio con los Alcaldes locales, previa colocación de avisos en la prensa como “legalización” de su accionar siguiente: “El suscrito Alcalde Municipal de Cunday, avisa: Que el día jueves 14 de los corrientes a las ocho de la mañana se dará principio a la diligencia de lanzamiento contra Fausto Cruz, como ocupante de hecho de una porción de terreno de los predios de la hacienda de Nuevo Mundo, de propiedad de la Compañía Cafetera de Cunday, para cuyo fin se fija el presente aviso en la entrada al sitio donde se ha de practicar tal diligencia en virtud de que el demandado Cruz quede notificado o enterado de ello, así como también los demás interesados que se crean con derecho a tal ocupación. Cunday, Junio 14 de 1934. El alcalde Juan N. Viatela. El secretario Ernesto Guzmán G.”[5]
Los colonos, desalojados debían pagar una fianza de $100 para que no regresaran a trabajar en las tierras del “patrón” que en su mayoría eran predios del Estado, es decir, Baldíos; aparte que al no tener que hacer los apresaban por vagancia.[6]

[1]GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 23
[2]HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia, El Ancora editores, 1982,páginas,96-100 y 101-103
[3]HENDERSON, James.Ibid, página 105.
[4] Periódico Unirismo. Julio 26 de 1934. Año I No 7. Bogotá, Pág. 11, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 40
[5] Ibíd..., Junio 14 de 1934. Año 1 No 2. Bogotá, página 11, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975, página 41
[6]Anales del Congreso. Sesión de Agosto 24 de 1933, citado por GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá, Tercer mundo editores, 1975, página 41.
Bibliografía
Departamento del Tolima, Contraloría departamental, anuario estadístico de 1935, Ibagué Imprenta departamental
GAITAN Gloria, La lucha por la tierra en la década de los 30, Bogotá ,Tercer mundo editores, 1975
HENDERSON, James. Cuando Colombia se desangró, un estudio de la violencia en metrópoli y provincia, El Ancora editores, 1982.
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Esta es la continuación de lo que fuera la Historia de Cunday 1930-1934.
Contrato de trabajo modelo de la Compañía Cafetera de Cunday.
Según el informe de la Comisión de la Cámara de Representantes, dicho contrato era así:
Yo Elisa Macías, mujer soltera, mayor de edad y vecina de Cunday, por medio de este documento hago constar lo siguiente; Que a título de arrendamiento tengo recibidos a mi entera satisfacción dos lotes de terreno que hacen parte de la Hacienda Nuevomundo, situada en Cunday, de propiedad de la Compañía Cafetera de Cunday, de una extensión superficiaria total de cinco cuadras más o menos; Que en mi calidad de arrendatario de la Compañía Cafetera de Cunday me obligo para con ella a lo siguiente:
a) Prestar mis servicios de trabajadora siempre que el administrador general o cualquiera de los empleados de la Compañía me lo soliciten para el servicio de cualquiera de las haciendas;
b) A no establecer en el lote que tengo en arrendamiento cultivos de ninguna especie sin previa licencia escrita del administrador de la hacienda, de lo cual dejaré constancia en nota puesta al pie de este documento. A lo mismo me comprometo respecto de la construcción de habitaciones.
c) En virtud del reconocimiento expreso que hago del “derecho de dominio” que le asiste a la Compañía Cafetera de Cunday sobre la Hacienda NuevoMundo, comprendida entre el cerro de el Consuelo, y el curso del río Cunday desde su nacimiento hasta su unión con la quebrada de la Laja y el curso de esta quebrada, desde su unión con el Cunday y hasta su nacimiento, me comprometo a no establecer cultivos ni trabajo de ninguna especie y a defender por todos los medios posibles a mi alcance la propiedad de la hacienda NuevoMundo contra los ataques o usurpaciones de terceros, dando inmediatamente aviso a los empleados de la compañía.
f) A respetar y obedecer las órdenes de los empleados de la Compañía Cafetera, establecido desde ahora como casos de mala conducta por parte mía cualquier trasgresión o violación de alguno o algunos de los textos de los reglamentos generales de las Haciendas.
g) Especialmente me comprometo a no retirarme de la hacienda por mi sola y exclusiva voluntad sin dejar el correspondiente reemplazo de arrendatario, que será persona previamente aceptada por el administrador de la Hacienda, y en caso de insistir en hacerlo, desde ahora relevo a la Compañía Cafetera de la obligación de pagarme las mejoras.
h) En caso de mala conducta, según lo dicho antes, o del incumplimiento de las obligaciones que contraigo con este documento, la Compañía Cafetera de Cunday adquiere el derecho especial de dar por terminado este contrato y bien puede, por las vías policivas, administrativa o judicial, pedirme la desocupación inmediata de los lotes, en cuyo caso no puedo alegar, el pago de las mejoras.
En constancia de lo dicho hago firmar este documento ante testigos, rogados por mí en el municipio de Cunday, a quince de Octubre de mil novecientos treinta y uno.[1]

En 1934 se transformó la Colonia Agrícola del Sumapaz en la “Sociedad Agrícola de la colonia del Sumapaz”, siendo su Secretario General Erasmo Valencia. Se componía de cuatro secciones, cada una con un presidente, un vicepresidente y un secretario. Dichas secciones eran: 1- ) Pandi, 2- ) Icononzo y Cunday, presidente Fausto Cruz y Secretario Juan de la Cruz Varela; 3- ) Bogotá, Pasca, Arbeláez y San Bernardo; 4- ) Fusagasugá y Soacha.[2]

A las acciones del campesinado siguió la retaliación por parte de los propietarios. Los dueños de las haciendas “Guatimbol” y “San Luís” solicitaron un destacamento de la Guardia del Tolima para amedrentar y perseguir a los colonos establecidos en la zona demarcada para colonización. Estas invasiones, consideraban los hacendados, eran acciones criminales; contando entonces con la complicidad de las autoridades civiles, mandaron hacer lanzamientos arbitrarios y arrestos de colonos y arrendatarios. Mientras los agraviados proletarios invocaban el Decreto 1110 para respaldar sus reclamos, los potentados de la tierra iniciaron juicios alegando “daño en cosa ajena”, avalados por los alcaldes locales –sus aliados en el poder. Otra práctica común era la confiscación de los productos de los campesinos, el decomiso de sus herramientas de labranza y el ataque directo con pandillas de leales a la hacienda, para destruir sus cultivos y expropiar sus animales. El campesinado organizado también tenía sus argucias, testigos falsos para declarar sobre tiempo de ocupación de las parcelas, rompimiento de cercas con ayuda de vecinos, hacer destrozos colectivos en la haciendas; realizar tareas conjuntas de tala de bosques (montaña), levantar casas y cultivos en pocos días para demostrar hechos de posesión.[3] El marco impreciso e intrincado de las luchas sociales de los trabajadores se puede resumir así: Una política del estado central de apoyo a las colonizaciones y de parte de los hacendados y las autoridades locales, una arremetida policial y la implantación de contratos de trabajo servil.[4]

Bibliografía
FAJARDO Montaña Darío, Espacio y sociedad, formación de las regiones agrarias en Colombia, Corporación Colombiana para la Amazonía- Araracuara COA, 1993
MARULANDA Elsy, Colonización y Conflicto, las lecciones del Sumapaz, Tercer mundo editores, 1991.
[1]Informe de la Comisión de la Cámara de Representantes, citado por Darío Fajardo Montaña en Espacio y Sociedad. Formación de las regiones agrarias en Colombia, COA, 1993 páginas 105-106.
[2]MARULANDA Elsy, Colonización y Conflicto, las lecciones del Sumapaz, Tercer mundo editores, 1991páginas 91-95
[3] Ibíd..,, páginas 86-90.
[4] FAJARDO Montaña Darío, Espacio y sociedad, formación de las regiones agrarias en Colombia, Corporación Colombiana para la Amazonía- Araracuara COA, 1993, página 112.

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Hechos notorios en el municipio de Cunday.

1930: Residían en el municipio dos extranjeros cedulados.
En abril el sueldo de los directores de escuelas urbanas del pueblo era de $65 mensuales cada uno y de las cuatro directoras de las escuelas rurales alternadas, de $40 cada una; el recaudador estanquero devengaba $50.
En el juzgado municipal (siendo Juez José Meneses y secretario Justiniano Vargas), Eugenio Ramírez promueve un proceso ejecutivo contra Jesús Supeláneo, reteniendo una construcción en bahareque y palma, en Balcones, contiguo a terrenos de Elías Núñez.
A comienzos del segundo semestre se nombra como miembros de la junta municipal de catastro a Custodio Santos como principal y como suplente a Julio Vargas. Finalizando el año el alcalde se llamaba Adán Arbeláez.

1931:En el juzgado de circuito de Melgar se da curso a un proceso ejecutivo iniciado por Marco H. Nivia Guzmán contra José Ortiz Aza, incautándose, en Balcones, el lote No 27, de 28 Ha, en el sitio San Agustín.
Por medio de la Ordenanza No 84 se crean las escuelas rurales alternadas de Cafrerías, La Meseta y San Bernardo. Ricaurte M. Silva, en proceso ejecutivo contra Tomás Reyes, retiene una casa de bahareque y techo de zinc en el casco urbano del municipio.
1932: En enero, el burgomaestre principal se llamaba José Lizardo Perdomo.
Ese mismo año, se suprime el acantonamiento de tropas en el municipio y se restablece la inspección departamental de Yopal; el señor Pablo Tribiño, por medio de apoderado denunció el globo de terreno denominado “Santuario”, para que le sea adjudicada como cultivador, en jurisdicción de Andalucía, de una extensión de 102 Ha, 55 de las cuales tiene cultivadas.
En agosto, se declara insubsistente a Alfonso Bonilla Gutiérrez para Alcalde del Municipio y se nombra a César Trheblcock Ramos.
También en 1932, como fruto de colonización espontánea, el caserío Guayaconero -Lozanía-, actualmente un caserío de Purificación-, localizado a 35 Km del Municipio de Cunday, tenía 500 casas y 3.000 habitantes, en su mayoría colonos y se recomienda la creación de una Inspección de Policía.
En ese año se crea el distrito electoral de Melgar, con cobertura de los municipios de Melgar, Icononzo, Carmen, Cunday, Guamo, Ortega y Purificación; del mismo modo se crea la colonia escolar de El Espinal, que incluye a Cunday.

El 25 de Abril de 1932 el señor Isaac Giraldo (vecino de Girardot), donó gratuitamente y a perpetuidad al Municipio de Cunday, con destino exclusivo al” Hospital de Caridad”…el lote de terreno o manigua, encerrado con cercos de alambre de púa, ubicado en la cabecera de esta población y alinderada así: por un costado con la propiedad del donante Isaac Giraldo y mide 65 metros, por otro costado con propiedad de José Abigail Lozano S. y mide 95 metros con 20 centímetros, por otro costado con propiedad de Pablo Cruz y mide 45 metros con veinte centímetros, por el último costado en línea sinuosa linda con un camino público y con la propiedad de Adriano Vásquez y Juan Álvarez y mide esta línea 118 metros.
1933: El 13 de agosto se escogió una junta política que seleccionara los candidatos al concejo. Dicha junta la constituían: Milciades Hernández, Ramón Monroy y Tulio Perdomo.

Para ese año, en las estadísticas de exportación por Girardot, la Cía. de Cunday figuraba en el puesto 17 con 4.137 sacos exportados.
Para las elecciones de diputados, los liberales obtuvieron 685 votos; los conservadores se abstuvieron. En las elecciones de Congreso, hubo 611 votos liberales y 234 conservadores. En cambio en los escrutinios de Concejales los liberales sacaron 1117 sufragios mientras los conservadores lograron 70 votos.

La existencia de ganado vacuno ascendía a 4.247, puesto 17 entre 39 municipios del departamento; la superficie en kilómetros era de 900 kilómetros cuadrados, la población de 10.952 habitantes, de los cuales 6.031 eran varones y 4.921, mujeres. El número de contribuyentes frisaba los 1.324 (Puesto 7 a nivel departamental, con el 3,66% de todos los contribuyentes del departamento, por debajo de Ibagué, Chaparral, Líbano, Fresno, Ortega y Rovira).El avalúo catastral de la propiedad raíz rural del municipio era de $2.749.950 (Puesto cuarto a nivel departamental, con el 5,27% del total departamental, por debajo de Ibagué, Líbano y Chaparral); el avalúo catastral urbano era de $73.850 (Puesto 25 a nivel departamental), para un total de avalúo catastral de $2.823.800, de los cuales el 97,14% correspondía al campo y tan solo el 2,86% al casco urbano. El degüello de ganado vacuno reportó 3.003 reses sacrificadas, de los cuales 2.173 eran machos y 830 hembras, cifras superiores a las de Melgar, Purificación e Icononzo, por ejemplo. El degüello de ganando porcino solo llegó a 763 ejemplares sacrificados, 601 machos y 162 hembras, datos que superan los de Melgar, por ejemplo. La producción agrícola en kilogramos se registró así: Cacao, 12.500; cuarto puesto a nivel departamental con el 7,86% del producido departamental, detrás de Falan, Melgar y Fresno. Arroz, 62.500 (Puesto 11 junto con el municipio de Prado, el 4, 57% del producido departamental). Maíz 62.500, cifra nada relevante a nivel departamental, el 1,018% del producido departamental. Yuca, 1.750.000, primer productor del departamento, con el 17% de la producción departamental. Fríjol, 16.250, el 1,033% del total departamental. Caña, 62.500, el 0,08% del producido departamental. Papa, 37.500, el 0,54% de la producción total del departamento. Café, 3.125.000, tercer puesto en el Tolima, por debajo de Líbano y Chaparral, aportando el 8,86% del total departamental registrado.

Bibliografía
Archivo Notaria Melgar, Escritura No 100 de 25 de abril de 1932.
Departamento del Tolima, Asamblea Departamental, Ordenanzas No 9 de enero 22 y número 20 de abril 6 de 1932, Imprenta Departamental Ibague.
Departamento del Tolima, Gobernación del Tolima, Informe del Secretario de Gobierno, 1934, Ibagué Imprenta Departamental.
Departamento del Tolima, Gobernación del Tolima, Informe que el secretario de Agricultura e industrias presenta al señor gobernador del departamento, 1934, Ibagué, Imprenta Departamental
Departamento del Tolima, Informe del Secretario de Gobierno, Imprenta Departamental, Ibague, 1933.
El Liberal, agosto 20 de 1933.
REGISTRO OFICIAL, Órgano de la gobernación del Tolima, número 954 del 20 de enero de 1930; números 957, 958, 964 y 972 de abril 8 y 30, julio 2 y octubre 9 de 1930; números 995,998, 1024 y 1025, del 8 y 16 de mayo de 1931; números 139, 1042,1059 y 1068 de 1932.

Ver también:Colombia 1938-1942
Ediciones 2011-14

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