miércoles, 1 de abril de 2015

Camilo Torres Tenorio-historia-biografia

Camilo Torres Tenorio-historia-biografía. José Camilo Clemente Torres Tenorio, nació el 22 de noviembre de 1776 en Popayán, hijo legítimo de don Jerónimo Francisco de Torres y de doña María Teresa Tenorio y Carvajal.
Fueron hermanos de don Camilo Torres: Jerónimo, Ignacio, Manuel, Luisa, Andrea, Manuela y Teresa.
Fue en el Seminario de Popayán donde Camilo Torres hizo sus primeras letras, bajo la tutela de José Félix Restrepo y Juan Marino Grijalva, entre otros, siendo ducho en el uso del latín y de los clásicos griegos.

De 22 años llega pues Camilo Torres a Santafé[1] para estudiar derecho en el Colegio Mayor del Rosario, donde su primo Francisco José de Caldas se había graduado a su vez como abogado.
Era tan buen estudiante Camilo Torres que en Enero de 1789 obtiene el bachillerato en teología, 13 meses después la licenciatura correspondiente. En Junio de 1790, Camilo Torres se gradúa de bachiller en derecho canónico y, en octubre de 1791 también se doctoró en dicha área del saber.
Cumplidos ya los 26 años fue nombrado vicerrector del claustro universitario donde hizo sus estudios, debiendo hacer práctica forense durante cuatro años, cumpliendo el requisito que la legislación Española le imponía para poder ejercer como abogado. Trabajaba en tanto como catedrático de Derecho Real allí mismo.

El 14 de julio de 1794 se recibe como abogado de la Real Audiencia de Santafé, lo cual le facultaba para ejercer en todas las audiencias de la América española. De ese tiempo se registra su amistad con Manuel del Socorro Rodríguez, Jorge Tadeo Lozano, don Pedro Fermín de Vargas y don Antonio Nariño, entre otros.
Contemplando la discriminación de los criollos frente a los peninsulares, empezó a cuestionar el sistema imperante desde el mismo marco legal.

19 de agosto de 1794. En sitios públicos de Santafé fueron colocados dos manuscritos; en uno de ellos se hablaba del predominio de los peninsulares sobre los hijos del país y de la necesidad de obtener la igualdad de facto; en el otro se parodiaba una obra teatral. Un empleado de las Cajas Reales, el español Francisco Carrasco, deseando hacer méritos en provecho propio mostrando su adhesión al Monarca, lo comenta a su vez a don José Arellano y juntos deciden denunciar un movimiento nocivo para la majestad real, patrocinado por los padres dominicanos de Santafé[2], encaminada a sustituir aquí la dominación española por el sistema político de la Revolución Francesa. No hallándose temporalmente el virrey José de Ezpeleta, se hallaba encargado de los asuntos públicos el Regente don Luis Chávez. Deciden hallar a los responsables. Camilo Torres fue uno de los investigados[3] por cuanto sabía francés y poseía obras en ese idioma (todo lo que sonara a Francia era potencialmente peligroso en el sustrato cultural español del momento[4]).[5]

Memorial de agravios


Se llamó Memorial de agravios o “Representación del Cabildo de Santafé a la suprema Junta Central de España” al documento redactado por Camilo Torres Tenorio[6] en 1809, donde exponía las injusticias de que eran objeto los españoles de América por parte de los españoles europeos, unos y otros constituyentes de la misma monarquía, adicta a Fernando VII [7] y contra la dominación francesa.
Del mismo modo reclamaba la igualdad de diputación con las provincias españolas [8] y el derecho a organizar juntas a semejanza de la metrópoli.
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Camilo Torres Tenorio, acompañado del teniente coronel José María Moledo y el doctor José Miguel Pey (el 20 de julio de 1810), fue destinado para convencer al virrey Amar y Borbón que ordenase fuese puesto a disposición de la Junta, en la persona de don José Ayala, el depósito y parque de artillería.
El virrey, como medida cautelar había solicitado a sus tropas se quedasen quietas en sus sitios de concentración; luego dispuso que don Rafael de Córdoba, mayor de la plaza, acompañara a José Ayala a transmitir la orden a su comandante.

También don Camilo Torres Tenorio propició la designación de don Antonio Amar como presidente de la Junta Suprema y respaldó a don José Acevedo Gómez en su amonestación, al pedir al pueblo seguridades para los españoles europeos y el mandatario seccional. Este gesto de grandeza lo tuvo el eximio abogado Torres, siempre prudente, silencioso pero profundo.
Dentro de las comisiones designadas por la Junta Suprema, Camilo Torres quedó como secretario de la comisión de negocios diplomáticos interiores y exteriores. De la misma hacían parte don José Miguel Pey, don José Acevedo Gómez, don Miguel Pombo y don Frutos Joaquín Gutierrez.
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Habiendo visto la actuación de Camilo Torres Tenorio en los sucesos del 20 de Julio de 1810, vamos a relatar su participación en la conformación de la Federación de Provincias.
Bajo el mandato de José Miguel Pey se convoca al primer Congreso Supremo, al que acuden diputados de Neiva, Mariquita, Pamplona, Socorro y Nóvita; se inaugura el 22 de diciembre de 1810 y del mismo fueron secretarios, Antonio Nariño y Crisanto Valenzuela.

El 19 de febrero de 1811 hubo escrutinios para escoger los electores al Colegio Constituyente; para este cuerpo colegiado fueron seleccionados por los distintos barrios de la capital: Camilo Torres[9] y Manuel Camacho Quezada, por la catedral; Francisco Margallo y Francisco Javier Cuevas, por las Nieves; Felipe Vergara y Vicente Rocha, por San Victorino; y el Coronel Luis Fernando de Azuola y el párroco doctor Malo, por Santa Bárbara. Presidente del Colegio Constituyente fue escogido Jorge Tadeo Lozano y como vicepresidente el religioso Fernando Caycedo y Flórez.

Dicho estamento [10] (El 30 de marzo de 1811)[11] sigue la línea ideológica propuesta en el acta del 20 de Julio, reconociendo a Fernando VII como rey de los Cundinamarqueses «y en la determinación de admitirle como tal desde el instante mismo de su llegada a la provincia granadina»; en lo que varía su postura es en torno al tema de la superioridad de la Regencia de España, enfrentándose de plano a los españoles europeos que quería tener la provincia central de la Nueva Granada, doblegada y sumisa.
Allí mismo se determinó establecer un Congreso Nacional compuesto de todos los representantes enviados por las provincias; el presidente de este Congreso sería el rey, pero en su defecto, el presidente designado.

Desde su periódico La Bagatela (periódico fundado el 14 de junio de 1811) Nariño manifestaba su inconformidad con el statu quo imperante.[12] Obviamente el centro de sus dardos era el presidente Lozano. El 19 de septiembre, las masas alborotadas ingresan al recinto de gobierno reclamando medidas de facto frente a la amenaza española; se reúnen los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. El presidente renuncia y aun el vicepresidente José María Domínguez, el pleno elige a Nariño.
En tales circunstancias Camilo Torres y otros diputados discuten acerca de la declaratoria de Santafé como asiento político de la federación[13]. Los partidarios de Nariño consideraban esto inconveniente puesto que perderían sus prerrogativas y privilegios según ellos.
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Vayamos ahora al 27 de noviembre de 1811, el día de la firma del Acta de Federación de las Provincias Unidas de la Nueva Granada. Estos fueron algunos de sus postulados: Las provincias que harían parte de dicha Entidad serían las mismas existentes en el Nuevo Reino de Granada el 20 de julio de 1810; conservarían en toda su integridad “la santa religión católica”; las relaciones exteriores corresponderían íntegramente a la nación y en general todas las funciones de soberanía nacional. Se niega la obediencia a todo mandato procedente de España, sea Consejo de Regencia, Cortes o Monarquía; la defensa común de las Provincias era tema preeminente…«Las Provincias unidas de la Nueva Granada se reconocen mutuamente como iguales, independientes y soberanas, garantizándose la integridad de sus territorios, su administración interior y una forma de gobierno republicano. Se prometen recíprocamente la más firme amistad y alianza, se juran una fe inviolable, y se ligan con un pacto eterno, cuando lo permita la miserable condición humana.»En su orden suscribieron el Acta de federación don José Manuel Restrepo, representante de Antioquia; don Enrique Rodríguez, de Cartagena; don Manuel Campos, de Neiva; don Camilo Torres, de Pamplona, y don Joaquín Camacho, de Tunja. Copia de la misma fue enviada a varias de las provincias de la Nueva Granada para su ratificación; ni Cundinamarca ni Chocó lo hicieron.
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La amistad de Simón Bolívar y Camilo Torres Tenorio es proverbial en nuestra historia.
Desde cuando el Libertador (con el rango de Coronel) se presenta en 1812 (después de su derrota en Puerto Cabello) en la Costa Atlántica y escribe una misiva a Camilo Torres, solicitando apoyo para restaurar su patria nativa (Venezuela), como líder egregio del Congreso de las Provincias Unidas, empezó a haber empatía entre estos dos patriotas.

Recibe ayuda de federalistas y centralistas don Simón Bolívar, quien ante el cabildo de San José de Cúcuta presta inviolable juramento de guardar obediencia al Congreso de las Provincias Unidas. El Estado de Cundinamarca contribuyó con 125 infantes, 25 artilleros y dos piezas de campaña, conducidas por el entonces capitán José María Ortega Y Nariño. Por su parte las Provincias Unidas aportaron cerca de 375 hombres. Fueron a combatir a Venezuela, hombres tan caros a nuestra memoria como Antonio Ricaurte, Atanasio Girardot, Francisco de Paula Vélez, Joaquín París, etc. Temporalmente recuperó la libertad venezolana. Luego de los pobres resultados en La Puerta y Urica, la ilusión se vino abajo.

El 19 de septiembre de 1814 llega Bolívar, derrotado a la Nueva Granada dispuesto a rendir cuentas ante la Institución que le dio su apoyo. El 22 de noviembre de ese año llega a Tunja, Torres le envía como obsequio un hermoso caballo; dos días después acude al estrado legislativo para relatar su campaña. El presidente del mismo, Camilo Torres, le contesta: “General, vuestra patria no ha muerto mientras viva vuestra espada: con ella volveréis a librarla del dominio de sus opresores. El Congreso granadino os dará su protección porque está satisfecho de vuestro proceder. ¡Habéis sido un militar desgraciado pero sois un grande hombre!”.

Como pruebas posteriores de esta gran amistad que unió a Bolívar y a Torres, tenemos una carta que le escribe el Libertador a Santander desde Lima, fechada del 26 de febrero de 1825, a favor de don Ignacio Torres: “…Agregue usted que es hermano del don Camilo, a quien debo gratitud y un amor sin límites.” Y en otra misiva del 25 de octubre de 1830, fechada en Soledad, y remitida a don José María Cárdenas: “…Le ruego me ponga a los pies de la señora, dando al mismo tiempo expresiones de mi parte a toda la familia del ilustre don Camilo Torres…”. En carta del 7 de junio de 1826, sabiendo de la muerte de la viuda de Camilo Torres, escribe Bolívar: “Siento mucho la muerte de la viuda de Camilo Torres, y he visto cuanto usted me dice con respecto a las otras tres viudas. Todo esto lo arreglaremos cuando yo vaya a Colombia, teniendo usted entendido que mi intención e dar una parte de esta pensión a los hijos del ilustre Torres, a quien soy deudor de mucho.”[14]
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Desde septiembre de ese año de 1815 los miembros del Congreso decidieron que la figura política del triunvirato ya no tenía sentido y dada la gravedad de la situación pusieron en manos de Camilo Torres Tenorio la dirección del ejecutivo. De un lado estaban los impetuosos españoles enviados a la reconquista, respaldado por los graneros de la Península, las arcas del erario y los poderes ilimitados del absolutismo. Del otro lado, es decir, del nuestro, unos precarios elementos republicanos más los sobrantes de la dotación de Cartagena. Diez y siete días después cayó la ciudad amurallada en manos de Pablo Morillo y sus secuaces.

Agonizante la República, dimite Camilo Torres Tenorio en marzo de 1816, pasando la autoridad suprema al doctor José Fernández Madrid [15] desde el 14 del mismo mes. Ya no era hora de heroísmos suicidas. Voluntariamente nade se alistaba ya para combatir a los invasores. Había que organizar las últimas defensas; el desastre militar era inocultable. Solo los soldados de García Rovira y de Santander resistían el empuje creciente del español Calzada. Viéndolo todo perdido, los neogranadinos deciden proponer la paz al enemigo, comisionando para tal misión al doctor José María Dávila; pero era uno locura proponerle pactos a quien avasalladoramente vencía en todos los frentes. Los españoles avanzaban rumbo a Santafé, solo el general Manuel Serviez (Emmanuel Serviez) resistía con unas tropas disminuidas y desmoralizadas, oponiéndose a todo proyecto de capitulación.

El 6 de mayo de 1816 el jefe realista La Torre se toma la capital que había sido abandonada por el presidente Fernández Madrid y los otros miembros del ejecutivo, dirigiéndose al sur del territorio. En Popayán renuncia el presidente Fernández Madrid y le fue confiada la autoridad presidencial al general Custodio García Rovira.
El 26 de Mayo entra Morillo a Santafé y de inmediato organizó el exterminio de todos los focos de resistencia que hallara en el país. Nombra como general a La Torre y lo envía a perseguir las exiguas tropas de Santander y Serviez que marcharon rumbo a los llanos orientales.

Camilo Torres Tenorio salió de Santafé hacia la aldea del Pital, en la Provincia de Neiva y, desoyendo las insinuaciones del presbítero Félix Serrano de marchar al Hato donde lo podría ocultar, prefiere el prócer marchar a la Provincia del Cauca «a reunirse con sus compañeros de lucha, de gobierno y de inmortalidad.»[16].

El 29 de junio de 1816 acaecen los combates de la cuchilla del Tambo (cerca de Popayán), donde los patriotas dirigidos por el vicepresidente, Liborio Mejía, son derrotados por Sámano y su ejército. Por esos días, probablemente en Julio, Camilo Torres cae en poder de los realistas, es remitido a Popayán antes de ser enviado a Santafé para su juzgamiento por los tribunales del Terror. Camilo Torres confiaba en la benevolencia de los tribunales, en las promesas de indulto dadas por Morillo…moriría engañado. Si hubiese tenido información exacta de los desmanes de las tropas realistas, de cómo el 6 de junio habían fusilado al general Antonio Villavicencio, el 19 lo fueron José María Carbonell, el doctor Ignacio Vargas, el coronel José Ramón de Leiva, y el capitán José de la Cruz Contreras; el 6 de julio fueron arcabuceados en la Huerta de Jaime don Jorge Tadeo Lozano, el doctor Crisanto Valenzuela, don José Gregorio Gutiérrez Moreno, don Francisco Javier García Hevia, don Emigdio Benítez y don Miguel de Pombo; el 20 de julio fueron fusilados el general Antonio Baraya y don Pedro de la Lastra…tal vez tendría otro concepto.
La esposa de Camilo Torres Tenorio, «sin otros bienes que sus hijos, fue desterrada de Santafé, después de haberse visto privada de su casa, de sus joyas y hasta de su propio dedal de oro, recuerdos de días felices. »
En la aldea del Espinal, dentro de la Provincia de Neiva fue recluida.

El 2 de octubre llega Camilo Torres Tenorio, preso, a Santafé, junto a Manuel Rodríguez Torices, el Conde de la Casa Valencia y nueve compatriotas más. Dos días después se les sigue consejo de guerra y al día siguiente se les habría de seguir ejecución. Sus pocos bienes le fueron confiscados. De nada valieron las súplicas de las damas prestantes de la capital: « ¡Señoras, yo siento mucho el dolor que veo pintado en vuestros rostros, pero no puedo perdonar cuando no lo permite la salud de la patria!...No puedo. ¡Mi resolución para con los jefes es irrevocable!»

El día 5 de octubre se hizo la ejecución. Camilo Torres Tenorio vestía pantalón y casaca de paño negro, corbata y chaleco blancos. Una descarga de fusilería cegó la vida del prócer payanés. Su cabeza fue acribillada. Luego su cuerpo fue colgado en una horca junto al cadáver de Rodríguez Torices, hasta las cuatro de la tarde; luego el verdugo descolgó los cuerpos y cortó sus cabezas, que fueron metidas en jaulas de hierro. La cabeza de Camilo Torres Tenorio se colocó a la salida de Santafé, por el norte, en San Diego. Solo hasta el 14 permitió Pablo Morillo su sepultura. ¡Tal fue el precio que pagó por colaborar en la independencia de nuestra nación!

[1] Era Santafé a fines del siglo XVIII muy pequeña: Hacia el sur llegaba hasta la vega del río San Agustín y hacia el norte a las generosas orillas del San Francisco; las laderas de Monserrate y Guadalupe, agrupaban, como en un pesebre, las humildes casitas orientales, mientras en occidente la plazuela de San Victorino y la iglesita de la capuchina cerraban el cuadro aldeano.
[2] Varios rosaristas insignes habrían de ser detenidos por esta denuncia. Nombres como los de Pablo Uribe, José María Durán, Luis Gómez, Miguel de Valenzuela, Nicolás Hurtado, José Ayala, Francisco Antonio Zea, don Siforoso Mutis y otros fueron vinculados al proceso.
[3] El oidor Juan Fernández de Alba, acompañado del teniente Carlos Ciaurriz y del capitán José Felipe de Inciarte, escrutaron hasta la correspondencia privada de Camilo Torres en busca de posibles pruebas que lo inculparan como uno de los sediciosos.
[4] Pero sobre todo los libros políticos como la Enciclopedia, de D´Alambert y Diderot, Voltaire con sus Pensamientos y la Historia de Rusia, Montesquieu con el Espíritu de las Leyes y las Cartas Persas; Pascal con las Provinciales; Raynal con la Historia de los Anales de Carlos V y de la conquista del Nuevo Mundo…
[5] Forero Manuel José. Camilo Torres. Biblioteca de Historia Nacional, Volumen XCIV, Edición conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia de Colombia, Editorial Kelly Bogotá D. E., 1960.
[6] Actuando como asesor del Cabildo santafereño.
[7]Fernando personificaba a España.
En Santafé se funda un partido encabezado por Amar y Borbón, el virrey nombrado por Carlos IV. El 3 de septiembre de 1808 llega el capitán de fragata don Juan José Pando Sanllorente a recoger fondos para sostener la guerra librada en la península. El día 5 se ordena la jura de Fernando, en reunión donde estaba presente Camilo Torres Tenorio.
El día 9 de se pregonaba tal decisión, ordenándose así mismo el uso de un escarapela distintiva.
En total llevó el comisionado Sanllorente la suma de medio millón de pesos, el día 24 de septiembre. Un día más tarde se constituía en Aranjuez una Junta Central de Gobierno llamada Junta Suprema de España y de Indias. Esta Junta, el 22 de enero de 1809 proclama que las posesiones ultramarinas sean consideradas porciones ilustres de la gloriosa nación castellana y posteriormente solicitan representantes de dichas provincias.
Los santafereños eligieron a Camilo Torres Tenorio, Joaquín Camacho y a Luis Eduardo de Azuola para que de ellos tres se sorteara uno, quedando el señor de Azuola. En el sorteo nacional, quedó elegido para representarnos el designado por Cartagena, don Antonio de Narváez, Mariscal de Campo.
[8] La proporción americana era tan escasa que solo eran 9 en relación a 36 de las provincias metropolitanas. Adujo Torres que la población americana era semejante numéricamente a la peninsular, algo así como diez o doce millones de habitantes.
[9] Quien creía que el modelo de gobierno a seguir debía ser semejante al modelo de las 13 colonias, donde la libertad e independencia de las provincias fueran el común denominador.
[10] Como secretarios fueron escogidos Camilo Torres y Frutos Joaquín Gutiérrez.
[11] El 4 de abril de dicho año promulgaron la carta suprema.
[12] “La patria no se salva con palabras ni con alegar la justicia de nuestra causa. ¿La hemos emprendido, la creemos justa y necesaria? ¡Pues a ello! Vencer o morir, y contestar los argumentos con las bayonetas. ¿Habrán todavía almas tan crédulas que piensen escapar del cuchillo si volvemos a ser subyugados? Que no se engañen. Somos insurgentes, rebeldes, traidores, y a los traidores, a los insurgentes y rebeldes se les castiga como tales…Al americano, al europeo, al demonio que oponga a nuestra libertad, tratarlo como nos han de tratar si la perdemos…El que no quiera ser libre con nosotros, que se vaya; pero el que se quede, y no sostenga nuestra causa con calor, que le caiga encima todo el peso de la ley…Mientras nuestros enemigos afilan la espada para degollarnos, los diputados del Congreso se entretienen en buscar el lugar donde deben figurar…”
[13] Principios de igualdad sostenidos por el precursor desde su Memorial de Agravios.
[14] La esposa de Camilo Torres era doña Francisca Prieto y Ricaurte, desde el 4 de julio de 1802. Doña Pachita se le llamaba cariñosamente.
Simón Bolívar la conoció en 1814 y guardó igualmente por ella una alta estima, tanto que en una nota fechada del 6 de noviembre de 1821 al general Santander, vicepresidente de la república y encargado del poder ejecutivo: “Excelentísimo señor: la viuda del más respetable ciudadano de la antigua república de Nueva Granada se halla reducida a una espantosa miseria, mientras yo gozo de treinta mil pesos de sueldo. Así, he venido en ceder a la señora Francisca Prieto, mil pesos anuales de los que a mí me corresponden…”
[15] Con escasos 27 años cumplidos.
[16] No falta quien diga que iba a tratar de embarcarse en el puerto de Buenaventura, ayudado por los parientes realistas de su familia materna.
Véase Arizmendi Posada Ignacio, Camilo Torres y Tenorio, en Presidentes de Colombia 1810-1990, Planeta Colombiana Editorial S.A., 1989 Bogotá, D.E., volumen complementario a la Nueva Historia de Colombia.



Bogotá, Cundinamarca Colombia

2 comentarios:

  1. Giovanni Meza Dorta20/2/14 7:02

    Buenos dias, me comunico desde Venezuela, mi propósito es conocer correspondencia de Camilo Torres en el año de 1813, lamentablemente en mi país, en los distintos fondos documentales, sólo existe la recibida por él, pero no la enviada, gracias anticipadas por la ayuda, atentamente. Giovanni Meza

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  2. Hola Giovanni, en primera instancia tampoco conozco la correspondencia enviada por él en dicho año pero apenas pueda, empezaré a rastrearla.
    Saludos

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