domingo, 29 de mayo de 2011

Colombia 1864-1886-historia

Veamos algo sobre la historia de Colombia entre 1864 y 1886, para lo cual vamos a trabajar dos grandes bloques de información: El Olimpo radical (1864-1878) y La regeneración (1878-1886).

OLIMPO RADICAL (1864-1878)
«La época de elegir el nuevo presidente se acerca. Los partidos escogen por candidato al que sea más odioso a su contrario. La agitación empieza…la oposición, como la defensa, es sistemática, apasionada y demente en lo general. El que tenga la ocurrencia de proponer medidas de avenimiento y de usar un lenguaje reposado, es un híbrido, un cubiletero, un domingo siete…la minoría, privada por las instituciones, o por los abusos de la mayoría, de una participación legítima en el manejo de los negocios, tiene también el artículo 91 de los pueblos: el santo derecho de insurrección.»(Tomado de La Miseria en Bogotá, de Miguel Samper, 1867; del libro Escritos político económicos de Miguel Samper, Banco de la República 1977).

Llamado así por ser una cerrada oligarquía liberal reeleccionista, de difícil acceso, para los otros liberales y conservadores. Sus prioridades en cuanto a vías de comunicación, estaban ligadas a la vocación agrícola y productora de materias primas, como también al incuestionable consumismo de géneros extranjeros. Lo importante entonces no era conectar las variadas regiones de la Patria, sino la obsesionante idea de llegar al mar para fomentar el comercio exterior con el Viejo Mundo.
El ferrocarril adquirió preponderancia por sobre la construcción de carreteras, que, aunque más económica su construcción y sostenimiento, sus fletes eran considerablemente más altos que los de ferrocarril.

Se argüía que el extender la red de ferrocarriles abarataría los costos de los alimentos entre regiones y por ende «se desataría la espiral de la prosperidad»[1]
No obstante, el radicalismo fue un partido «enemigo de la violencia y respetuoso de todas las opiniones y de todas las creencias… Los hombres directivos de ese partido, si honrados hasta la exageración, si administradores sin rival de los intereses públicos…, si patriotas inmaculados, si tribunos y parlamentarios distinguidos,…no fueron, con excepción de Murillo, hábiles manejadores de la opinión pública…no comprendían que las naciones, como los individuos, necesitan hacer ciertos gastos aparentemente superfluos, pero que son de representación. De los Presidentes Radicales no hubo quienes fueran parientes entre sí o sus secretarios de Estado y jamás unos ni otros colocaron a sus allegados en puestos públicos…”Olimpo” sí hubo pero por ley natural de selección…no fue propiamente un partido, sino un sistema…»[2]
Desde sus albores implantó la costumbre que el Presidente saliente escogiera, por así decirlo, su sucesor; «tradición que resultaría vitanda en nuestros días.»[3]

1. Presidentes:
1.1 Manuel Murillo Toro. (1864-1866.)En este primer mandato obtuvo el voto de seis estados, (de los nueve que habían, incluyendo a Panamá), contra dos de Santos Gutiérrez y uno de Tomás Cipriano de Mosquera. Aferrado a su ideario, reconoció el triunfo conservador en Antioquia y atenuó las medidas de Mosquera contra el Clero. De orígenes humildes, nacido en Chaparral, de oficio abogado, bajo su mandato se decretó la publicación del “Diario Oficial”; la línea telegráfica entre Bogotá y Honda, «venciendo tropiezos y dificultades que parecían invencibles, entre otras la hostilidad de las gentes ignorantes que destrozaban las líneas porque creían que aquello era engendro del diablo»; el comienzo de los ferrocarriles del norte y del pacífico; introdujo la semilla de eucalipto etc…[4]
La Constitución de 1863 había establecido como norma la tuición e inspección de cultos, exacerbando los ánimos y pulseando las fuerzas civiles y eclesiásticas. En un momento dado se habían paralizado los templos y se temía un conflicto de características populares; Murillo Toro trató de ser conciliador y sobrellevar la cosa con la mayor altura posible.

1.2 Tomás Cipriano de Mosquera .(1866-1867).
Para su tercer gobierno fue elegido con el voto de siete estados, enfrentando al conservador Pedro Justo Berrío, quien ganó en un estado, y al liberal José Hilario López. Bajo su mandato, se dispuso que los Estados puedan mantener en tiempos de paz el ejército que consideren conveniente y que el gobierno central debería observar la más estricta neutralidad, cuando en un Estado se produjera un levantamiento para derrocar a las autoridades. Así las cosas, el gobierno de la Unión contó con una fuerza reducida, la guardia nacional, que desfilaba en las fiestas patrias, mientras que algunos estados formaban ejércitos poderosos.
El reparto burocrático, el de la tierra, las minas y los bienes según las peculiaridades regionales, con oligarquías que disponían de sus propios ejércitos ante un Estado central que no tenía poder político ni militar, produjo como efecto la descentralización de las guerras que quedaron reducidas al ámbito regional.
Ordenó la revisión jurídica de los remates de los bienes desamortizados y, lo que entonces pareció como más grave, también la de los títulos de baldíos, con lo cual afectaba a los nuevos propietarios, a los ricos comerciantes y a los negociantes de finca raíz, de uno y otro partido. La reacción era previsible: conservadores y radicales se unieron en contra del Presidente Mosquera y, desde luego, también la iglesia.Enfrentado al Congreso, fue derrocado por una coalición gólgota- conservadora.

1.3 (1867-1876).Durante estos gobiernos se intentó establecer, por primera vez la escuela gratuita, obligatoria y religiosamente neutral.[5] (…las escuelas «neutras» no eran otra cosa que un invento de la masonería-promotora para esta corriente de todos los males de la modernidad-para minar el sentimiento religioso en los pueblos e infundir el racionalismo y el ateísmo.)[6], decían las facciones opositoras al régimen.Se crea una Dirección Nacional de instrucción Pública, anexa al Ministerio del Interior, con funciones y responsabilidad suficientes para asegurar el desarrollo de una política educativa. Entre la base de esta organización jerárquica habían juntas de vigilancia locales. La Nación sostendría a una Escuela Normal Nacional para formar a los docentes, así como la provisión de libros y útiles de enseñanza y el sostenimiento de de las bibliotecas públicas. Los Estados federales tendrían a su cargo el mantenimiento de las escuelas rurales, los gastos demandados por los consejos de instrucción pública y el apoyo pecuniario a los distritos que por sus escasos recursos no alcanzaran a costear una escuela pública. Los Distritos Municipales deberían ofrecer las construcciones escolares, los muebles, pagar los gastos de inspección local y proveer fondos para vestido de los niños indigentes.

Durante el gobierno de Santiago Pérez, adquirió gran importancia el llamado Partido ultra montano o ultra papista [7], respaldado por un amplio sector conservador y del clero, declarando la preeminencia de los dictámenes Vaticanos por sobre la legislación nacional (liberal). Su base dogmática fue “el catálogo de los errores del mundo moderno” de Pío IX, que excomulgaba a quienes creyeran y/o profesaran la libertad de cultos, el liberalismo en general y las ideas modernas.[8] Este partido católico fue el principal gestor de la guerra civil de 1876- 1877 que pretendía derrocar al liberalismo imperante, con el apoyo de liberales independientes.[9]
«La cuestión de los ferrocarriles dio pie para que se estableciera con caracteres de verdad inconcusa el peligroso principio de que no puede haber desarrollo firme sin financiación externa. Las dificultades para construir obras públicas de envergadura, por el mal empleo de los recursos o por falta de colaboración de las gentes acaudaladas, llevaron a los gobernantes a la solución fácil de esperarlo todo del extranjero» [10]
[1] MOLINA Gerardo, Las ideas liberales en Colombia 1894-1914, tomo I, Bogotá Ediciones Tercer Mundo, séptima edición, 1979, páginas103-105
[2] RODRIGUEZ Piñeres Eduardo, El Olimpo Radical, ensayos conocidos e inéditos sobre su época 1864-1884, Editorial Voluntad, Bogotá 1950, páginas 15, 19, 20 y 21.
[3] HOLGUIN Arboleda Julio, 21 años de Vida colombiana, Historia, política y literatura, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá 1967, página 335.
[4] HOLGUIN Arboleda Julio, Ob., cit., páginas 45-61, 67.
[5] Proceso educativo jalonado por una misión pedagógica alemana- de naturaleza protestante-.
[6] PLATA Quezada William Elvis, De las reformas liberales al triunfo del catolicismo intransigente, en Bidegain Ana María (Directora) Historia del Cristianismo en Colombia, corrientes y diversidad, Bogotá Colombia, Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S.A., 2004, página 243.
[7] Teníamos una “papa caliente” con el asunto de la tuición y la inspección de cultos como inconveniente político nacional y ahora se refuerza la postura intransigente del catolicismo ortodoxo con las bulas papales Quanta Qura y el Syllabus.
[8] Condenaba el panteísmo, la indiferencia religiosa, la tolerancia religiosa, el socialismo, el comunismo, las sociedades secretas, las sociedades bíblicas, etc.
[9] Aprovechando la división liberal entre radicales e independientes y la misma crisis radical en el poder, los conservadores e intransigentes trataron de tomarse el control político del estado del Cauca, para quedar bajo su mando 3 o cuatro estados geográficamente contiguos (Antioquia, Tolima, Cauca y tal vez Cundinamarca) más los estados costeños que se irían con Núñez, dejándoles a los radicales Santander y Boyacá.
Los obispos y sacerdotes fueron unos insidiosos agitadores de esta guerra religiosa.
[10] MOLINA Gerardo, Ob., cit., página 107.

LA REGENERACION (1878-1886)
"Estas grandes propiedades que no pueden ser explotadas por el dueño mismo, son un obstáculo para el ejercicio de facultades industriales y el empleo de capitales menores; conducen a la formación de una aristocracia territorial dominadora y poco simpática a las ideas y formas republicanas, y a la larga contribuyen a la degradación y envilecimiento de las clases populares".(Tomado de Memorias de Salvador Camacho Roldán, Editorial Bedout, s.f.)

Existen discrepancias entre los eruditos sobre si la regeneración comienza o no con Julián Trujillo; para este estudio considero adecuado presumir, que ese conjunto de cambios tendientes a centralizar el manejo del país, efectivamente comenzaron bajo su administración, como se verá, aunque sea someramente en la rápida sinopsis de su gobierno, dado que allanó el camino hacia el poder por parte de Don Rafael Núñez.

1. Julián Trujillo 1878-1880.
Las armas fueron también su medio para llegar al poder. Su victoria contra los conservadores en la Batalla de Los Chanclos y la toma de Manizales durante la guerra civil anterior, lo catapultaron a la presidencia, contando con su grupo (liberales independientes, de Rafael Núñez) y el apoyo, soterrado, no directo, del liberalismo radical, siendo candidato único. Se capta el declive del grupo radical, atribuyéndosele como causa a este retroceso a la profunda desmoralización en el seno de tal facción. Mientras tanto, desde el Senado, Núñez, como presidente del mismo planteaba la necesidad de un giro ideológico fundamental para la dirección estatal y parece ser que caló su propuesta en el presidente recién posesionado.
Durante su gobierno se iniciaron las excavaciones del canal de Panama así como las conversaciones con la Santa Sede para el Concordato.

Seguía vigente la decisión de mantener una paridad rígida ente el oro y la plata, que comenzó a afectar el sistema comercial desde el momento en que desmonetizada la plata en casi todos los países avanzados, ésta comenzó a depreciarse, de modo que resultaba legalmente sobrevaluada en el territorio nacional.En el país no existía moneda uniforme, los bancos (para la fecha habían alrededor de 42, casi todos medianos negocios de usura) tenían derecho de emisión y el desarreglo monetario había contribuido a aumentar el tipo de interés. La exportación de tabaco (producto bandera del país) venía en franca caída, con la consecuente reducción de ingresos para los dueños del oligopolio, la merma en la importación de bienes europeos, y la disminución de los ingresos aduaneros del gobierno; el protagonismo temporal del comercio exterior lo empezaba a tener la quina (que llegó a su máximo volumen de exportación en estos años).

2. Rafael Núñez 1880-1882.
«Los vecinos importantes y algún tanto adinerados en cada localidad vienen en tropel a Bogotá, sacrificando sus fortunas en busca de un hogar tranquilo para sus familias, resignándose a la oscuridad y a una vida de privaciones, antes de estar sometidos a los puñales de los asesinos, a los salteadores y a las horribles vejaciones de los mandarines de parroquia». [1]
Desde 1875 era un antagonista convencido del Olimpo radical, ascendiendo al solio presidencial con la oposición de tal grupo liberal (que contaba a la fecha con varios Estados armados) y contando con el apoyo exclusivo de los independientes.
Indagando en las fisuras del programa libre cambista de los liberales radicales, descubrió que había consumido a la industria artesanal, inhibido el establecimiento de nuevas industrias nacionales, impulsado el consumo de bienes extranjeros, y que, cuando las exportaciones descendieron, agotaron el efectivo circulante en el país…así mismo, en un país donde la gran mayoría profesaba la fe católica, consideraba los ataques contra esta, como destructivo de la estabilidad política e imprudente, porque alejaba al pueblo de los cuadros directivos liberales. Y como colofón, en un país arruinado por las contiendas civiles, la Iglesia era una fuente importante de cohesión.
Pese a la coyuntura política, impulsar una reforma constitucional no era conveniente, porque no tenía consenso al interior del congreso, su mayoría no era contundente como para sacar adelante las innovaciones.

Fue elegido presidente con el voto de siete estados en una elección en que derrotó al liberal radical Tomás Rengifo. Creó el Banco Nacional, reinició la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y reinició las relaciones con España.
Su plataforma económica se basó en el Banco Nacional y la implantación del papel moneda de curso forzoso (y el privilegio exclusivo de emitir moneda por el Banco Nacional), complementado por una política de aranceles proteccionista para ciertas industrias incipientes (realmente como elemento político que le permitiera “reclutar” a sectores de artesanos). Como muestra de su espíritu de cambio, incluyó por vez primera a un conservador (desde 1861) en su gabinete y dos más ilustres conservadores accedieron a los cargos de Embajador en Europa y director de la biblioteca Nacional (los señores Carlos Holguín y Miguel Antonio Caro respectivamente).Sin embargo su gestión contó con la oposición activa de los banqueros particulares que sentían amenazada su posición por la banca oficial y de los radicales que veían como un liberal accedía a solicitudes conservadores. En pleno colapso fiscal, la burocracia pública creció abrumadoramente, pagando con proliferación de puestos, el apoyo recibido. Terminando su mandato constitucional, urdió la candidatura del septuagenario, señor Zaldúa, a sabiendas que contaba con el apoyo de siete estados, frente a dos de los radicales. Desafortunadamente para el nuñísmo, las desavenencias se hicieron insalvables con el señor Zaldúa. Con él, los radicales creyeron haber recuperado el poder.
[1] MARTINEZ Silva Carlos, Ob., Cit., página 228.
Fragmento del libro Historia de Colombia: CUNDAY Y VILLARRICA Tolima 1537-1918 , una historia anónima.

Leer también: Población de Bogotá en el siglo XIX

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