jueves, 1 de enero de 2009

1 de enero

Hoy primero de enero del 2009 la gente empieza a desperezarse de la modorra que le dejaron las fiestas de fin de año; tratan de manejar el guayabo, esa sensación física de enfermedad como consecuencia del exceso de alcohol, comida y trasnocha que acompaña a un buen 31 de diciembre con los efusivos y sonoros: feliz año….
Las calles están vacías, hay basura por doquier, borrachitos y dormilones en las aceras. A partir de mañana el desempleado correrá a buscar empleo, leyendo los clasificados, buscando en Internet; los padres de familias y muchachos, en Colombia, procurando un nivel de bienestar más alto para sus descendientes correrán a indagar al Sena por su oferta educativa a ver si logran un cupo para obtener las respectivas certificaciones técnicas que otorga esta Institución; los empleados se pegarán a la red y a los periódicos tratando de saber en cuanto fue que quedó el salario mínimo para el 2009 (subirá entre un 7,5% y un 8 %)…No faltará el chifladito que decida hacer cuentas para verificar que se gastó más de lo que podía y empezará a rascarse la cabeza a ver cómo diablos le hace para manejar un presupuesto en rojo, el que no pagó las cuotas hipotecarias o del carro, o de los servicios y empieza el año acumulando facturas…
Siempre me ha parecido una completa locura uno desmadrarse unos quince días (lo que pueden durar las festividades de fin de año, entre navidad, año nuevo y reyes) para luego darse golpes de pecho por lo menos un trimestre por las consecuencias, pero bueno, la gente está contenta, celebrando unas festividades paganas y sin asidero histórico verificable (igual es solo una disculpa para desordenarse)…el pueblo eso pide, pan y circo.
Ya pronto toca desbaratar el arbolito de navidad, los adornos imagino habrá que guardarlos, como los sueños tercermundistas de aguardar siempre, un milagro monetario que caerá raudo desde el cielo, escalabrando nuestras ilusiones y poniendo el corazón a latir con ritmo norteamericano o europeo pero sin recesión.

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