lunes, 8 de diciembre de 2008

Zea, reo

Pero Francisco Antonio Zea pronto sería reo de la justicia española, debido a su cercanía con Nariño[1] y el Casino Literario, esa suerte de asociación literaria donde se leían diarios y gacetas extranjeras, autores franceses y revolucionarios, de la que hacían parte Zea, Nariño, José María Lozano, José Antonio Ricaurte, José Luis Azuola, Juan Esteban Ricaurte, Francisco Tobar, Joaquín Camacho, etc. Don Antonio Nariño, hábilmente juntó a su alrededor a hombres de ciencia y de estudio, a los periodistas, a los profesores, a los comentaristas, como también a los viajeros ilustres que en número muy limitado llegaban a Santa Fe del exterior[2] y aun del mismo país, portadores de una nueva ideología social, propagandistas de métodos avanzados en el gobierno de los pueblos.
Pues bien, fue en 1794 que se abrió investigación por “Pesquisa de sublevación”[3] y el encargado de insidiar fue el Oídor don Juan Hernández de Alba. Fueron procesados: Juan Alegre, José María Lozano, Ignacio Sandino, José Angel Manrique, Enrique Umaña, Francisco Antonio Zea y don Pedro Pradilla.
A Zea, que se hallaba en su sede de trabajo en Fusagasugá, se le embargan los bienes y libros y se le reduce a prisión en Santa Fe: El reo, de 24 años de edad está en la lista de sospechosos por la “travesura de su genio” y, a pesar de no tener pruebas concretas contra él, presuntamente ponía en peligro la estabilidad del régimen realista y debía ser enviado fuera del país. Pero la parsimonia en los procesos judiciales ha sido la norma en la historia de Colombia, por no decir, los desaciertos. El 28 de septiembre de 1795 salieron nuevos pasquines donde se amenazaba de muerte al virrey y a los oidores si no libertaban a los detenidos por conspiración. De resultas que esta actuación si hizo agilizar los trámites y diez fueron los neogranadinos que conforme con el dictamen de la Real Audiencia, eran culpables y debían partir para el destierro.
Clausurado el Casino literario aún quedaban abiertas las puertas de la Tertulia Eutropélica, que presidía Manuel del Socorro Rodríguez y José María Grueso, y la Tertulia del Buen Gusto, avivada por Manuela Santa María de Manrique[4].
Bibliografia consultada:
Botero Saldarriaga Roberto. Francisco Antonio Zea, Tomo I. biblioteca banco popular volumen 2, Editorial Kelly, Bogotá 1969.
Ver también: universidad en la colonia
[1] Ver Nariño Comerciante y Nariño y los derechos del hombre.
[2] Entre ellos Francisco Eugenio de Santa Cruz y Espejo, quien al regresar a su patria fundó el periódico “Primicias de la Cultura de Quito”, para fomentar en el actual Ecuador los proyectos revolucionarios incubados en el Casino.
[3] Datos adicionales en Camilo torres, juventud.
[4] Eran socios de este centro científico, José Ángel Manrique, José María Salazar, José Miguel Montalvo, José Fernández Madrid, Frutos Joaquín Gutiérrez y José María Gutiérrez.

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