sábado, 6 de diciembre de 2008

Sociedad y desastres

Sociedades y desastres.

“En la naturaleza los tifones, terremotos, erupciones volcánicas o derivas continentales son momentos de una indefinida sucesión de cambios. Permanentes movimientos de material generan la liberación de energía mediante un terremoto; en el clima interactúan procesos de evaporación, vientos, lluvias, sequías y corrientes: no hay intencionalidad en ellos. La aparición, primero del agua, luego de formas de vida elemental, más tarde de vegetales y muy posteriormente de animales, cambió por completo el aspecto y las características de la superficie planetaria y posibilitó el surgimiento de la sociedad.
En el basamento geomorfológico y atmosférico de la Tierra continúan sin embargo desarrollándose los ciclos propios, más allá de la voluntad humana. Esos procesos han existido desde que se formó la Tierra y no son, en sí mismos, desastres.
Los llamados desastres naturales se deben a la acción de los procesos en los asentamientos humanos, pero no a los procesos en sí.
Ligada al concepto de desastre hay una connotación de fatalidad. La etimología del término desastre se relaciona con la palabra astro; el prefijo des- indica un componente negativo. Así des-astre implica un grado de des-gracia, de azar maligno, de daño para la sociedad o la vida. La palabra catástrofe suele ser utilizada para hablar de desastres, pero su significado es diferente. Catástrofe viene del griego y significa punto de retorno, de reversión de un proceso. Comienza con la partícula “cata”: lo que cae, lo que baja. El sufijo”strofe” se reconoce también en la palabra estrofa: lo que divide, el punto donde se cierra un ciclo, donde se da la vuelta. Así, terremotos, erupciones o ciclones son catástrofes, cambios, puntos de inflexión, pero no desastres, salvo que afecten a un asentamiento humano.
Del mismo modo, cataclismo comienza con “cata” pero tiene otro sentido implícito.
Lo que”cae” en cataclismo es una masa de agua, una inundación o diluvio y, por extensión, un cambio violento en las condiciones existentes. Catástrofe es, entonces, lo que indica un corte, un pasaje en forma de caída, algo que cambia de posición. Repitamos sin embargo que un terremoto o un ciclón son procesos normales de la tropósfera y, en una región deshabitada, no ocasionan un desastre.
Otro término usual en este contexto es calamidad, proveniente del latín y con significado de desgracia, pues nace de la misma raíz que el sustantivo”golpe”. Al hablar de los problemas originados por cambios bruscos en las condiciones ambientales de una comunidad, deberían preferirse los términos desastre o calamidad, en vez de catástrofe o cataclismo, ya que hablar de desastres es hablar de problemas sociales.
Los procesos morfogenéticos tienen su propia existencia, sin intencionalidad: en cambio, la acción humana sí implica intenciones. La acción humana se dirige a humanizar la naturaleza. Desde el punto de vista humano, si los ciclos naturales benefician a la sociedad, la naturaleza es un recurso; de lo contrario, una amenaza.
Por eso la sociedad la interpreta como si tuviera dos caras, una buena y otra mala.
Cuando muestra la cara buena, la intencionalidad humana obtiene resultados positivos, gratificantes. Si, por el contrario, la intencionalidad social se frustra, debido a conflictos con los componentes naturales, se achaca a la naturaleza malignidad o enemistad en términos de des-gracia. Un caso extremo son los desastres.
Por razones obvias, la acción social trata de obtener solamente resultados favorables, por lo que la apropiación, socialización o humanización de la naturaleza es uno de los motores de la Historia: un proceso inevitable, irreversible y universal.
No hay vuelta atrás en la relación entre humanidad y naturaleza. El proceso de apropiación continuará hasta que la sociedad se armonice con los ciclos naturales, o desaparezca.
La industrialización ha llevado este proceso a términos extremos. Dos síntomas visibles son la crisis ambiental generalizada y la creación de “reservas naturales”.
Este último fenómeno está teñido de moral y mala conciencia, ya que la existencia de reservas implícitamente reconoce que fuera de sus límites rige lo habitual y por lo tanto la naturaleza queda a disposición de la intencionalidad humanizadora.
En palabras de Curson, los sistemas de la naturaleza “no son en sí mismos ni malévolos ni benéficos, sino mayormente neutrales con respecto a la población que albergan. Generalmente son los habitantes quienes, debido a la esencia de sus filosofías, actitudes o comportamiento, modifican o transforman esta neutralidad ambiental en un recurso valioso o en un escenario potencialmente catastrófico”
(Curson 1989).
El medio ambiente socializado incluye a la ciencia y la tecnología con sus infraestructuras, sistemas e instalaciones. Dragados, diques, ciudades, rellenos o excavaciones, depósitos de desechos o la creación de sintéticos, alteran o transforman la realidad original. Si bien la técnica ha sido un componente fundamental de la evolución social, hay procesos técnicos de consecuencias negativas: el efecto invernadero, la variación local del régimen de lluvias o la erosión, el agujero en la capa de ozono o la exposición a factores nocivos son ejemplo de esto.
Cuando hay errores técnicos o fallas en una obra de infraestructura, con consecuencias negativas serias para la sociedad (es decir, que causen un desastre), se acostumbra hablar de accidentes tecnológicos para diferenciarlos de la acción de agentes naturales. Un accidente es un suceso inesperado e indeseable, un imprevisto, si bien hay en todo sistema tecnológico riesgos implícitos y asumidos y un grado aceptado de probabilidad de desastres.
También debemos incluir aquí otro tipo de desastres de origen tecnológico que no son accidentales, sino altamente intencionales. En este caso hay una utilización de tecnología con el objetivo de causar daño o eliminar a la población y su entorno construido. Ejemplos evidentes: la guerra, los sabotajes, el terrorismo. El campo de significado podría ampliarse para englobar otros casos de daño de intencionalidad política, como las sanciones comerciales.
Desastre o calamidad sería entonces todo suceso que perjudique a la población, sin importarnos si su origen es natural, político o tecnológico, lo que ampliaría el contenido que históricamente adquirió el término. Además, se hace necesario cuestionar el significado mismo de las palabras des-astre o des-gracia, privación de dones, oscuro designio de algún poder superior. Más que en las regiones de la metafísica o la teología es en las formas que ha adquirido la naturaleza humanizada donde debemos buscar sus orígenes. Un desastre sobreviene si los procesos normales de la naturaleza y los procesos normales de una determinada práctica social (cultura, técnica) entran en conflicto.”[1]
Ver también: Tragedia de Armero, Erupción volcán monte Pinatubo, preservación de la capa de ozono
[1] Tomado de Da Cruz José y otros. Ecología social de los desastres. CLAES - Centro Latino Americano de Ecología Social, Montevideo, 2003.

1 comentario:

  1. esta muy interesante, y es mas increible la cadena de reacciones que desata una simple cosa, saludoss!!!

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