miércoles, 20 de agosto de 2008

ACCION POLITICA NO VIOLENTA

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA[1] *

Podría sonar extraño hablar de no violencia en un país que casi ha constituido como modelo el enfrentamiento, la agresión y la violencia. Hemos edificado una cultura que, en la práctica, niega al otro. No tenemos interiorizada la costumbre de reconocer y respetar al otro, la cultura de la alteridad. Al contrario, nos han infundido, desde el egoísmo e individualismo capitalista, el sálvese quien pueda, el ver al otro como rival, como potencial enemigo que viene por lo que tenemos, como una amenaza para nuestra tranquilidad. Por ende, debemos vivir a la defensiva y prepararnos para defender nuestros intereses. ¡Y para defendernos eficazmente hay que armarnos! La verdad es que las armas se hicieron para matar. Quien posee un arma debe estar dispuesto a matar. Pero para mitigar los líos con la conciencia, se crea una disculpa: las armas son para defendernos. Es decir, para matar sin enredos morales, necesitamos una disculpa, y que mejor dispensa que matar en defensa propia o de nuestros familiares, de nuestros bienes, de nuestra honra, de nuestra patria, etc. Cuando se pregunta a la muchedumbre quien es cristiano, las manos en alto pululan, cuando se les pregunta cual es el quinto mandamiento que enseñó Cristo, el grito de respuesta es atronador: No matar. Y cuando se verifica su cumplimiento, pululan las disculpas y los muertos…

Nos han vendido la idea que la violencia es el único camino para encontrar la paz. Por lo tanto, socialmente se la justifica y lo peor, se la cultiva y se le hacen apologías. Por el sendero de la violencia hemos cosechado muerte, odio, envidia, desesperanza, tristeza y oscuridad. Hay que construir una vía distinta, una vía del entendimiento, una vía que reconociendo la validez social del conflicto le busque salidas no violentas y justas. Todo conflicto encarna una crisis, pero también una oportunidad, una función constructiva y positiva. La no violencia no pretende un mundo sin conflictos ni es una puerta para huir de ellos. Es una opción de vida, una filosofía de la existencia. Es una opción política que no es destructiva, pero que permite ejercer presión contra la injusticia, que posibilita practicar un poder político más participativo, no basado en las armas, pero encaminado a realizar las transformaciones de la sociedad que incluyan la justicia social, la solidaridad y la paz.

El hombre no nace humano, se hace humano. Es la sociedad, con sus mecanismos de socialización la que nos va haciendo humanos. Entonces, un ser humano es un ser social. Para que el hombre sea un ser social, debe ser un ser de relaciones. Lo social emerge de la calidad de sus relaciones con los otros. Sus relaciones son de calidad cuando defiende sus derechos, cuando no renuencia a ellos, pero respetando los derechos de los demás. En otras palabras, el hombre es un ser social cuando vive propositivamente sus conflictos, respetando a los otros como a sí mismo, ejerciendo y vivenciando la justicia, creando día a día elementos para consolidar la convivencia y alejar la violencia. La violencia nace cuando el manejo del conflicto deja de ser la búsqueda de relaciones de justicia y lo que pretende es excluir al otro, negarlo, dominarlo, manipularlo, engañarlo, humillarlo y, hasta matarlo. La violencia es la perversión radical de la relación con el otro, alejada de la justicia, por lo tanto, la violencia nunca es justificable ni jamás justa.

La acción política no violenta debe ser un compromiso con los conflictos del mundo por la justicia y la libertad, donde expresemos nuestra solidaridad con los débiles, con los excluidos, con los pobres, y actuemos a su favor, luchando con ellos por sus derechos. Recordando siempre a Gandhi, el gran gestor de la no violencia, cuando decía que la opresión de los violentos no es tanto la fuerza de sus fusiles y armas, sino lo que les entregamos con nuestra resignación, nuestra sumisión, nuestra obediencia pasiva y nuestra cooperación voluntaria.

Ver del mismo autor: la salud en Ibagué, cuidado con la Coca Cola
[1] Director del Observatorio de Paz y Derechos humanos de la Universidad del Tolima

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada